los días se quedan, no avanzan, se empujan los unos a los otros, y tiemblan, se rascan

las horas inquietas tocan el claxon

los segundos, avispados y ágiles, bajan las ventanas, toman un poco de aire, y sin premura, se echan a andar

el paraguas está extraviado, al borde de un arroyo, tiritando de frío, con sus patas medio abiertas, encomendándose al aire y al viento. pero ciertos pasos le han clavado sus plantas rígidas, han grabado en su espalda un sinfín de frescos escupitajos. el paraguas se contrae y se niega a cobijarse bajo el abrigo del sol que quiere secar sus alas. ha decidido sucumbir húmedamente, con las mejillas adobadas en barro, en agua y polvo de la intemperie. el tiempo lo encuentra triturado, irreconocible y le ofrece su más preciado instante de silencio:

los días colapsan, y las horas, los minutos, los segundos son bostezos voraces invocando ataúdes

(5 de febrero de 2008)

Este poema va dedicado al esplendor reptilezco de Trent Reznor…


alguien lanzó un collar y olvidó alimentarlo
con gemas desde aquel día
un cuello se ha alargado espantosamente
un pecho se ha llenado de hojas
y unos senos cuelgan
cual pájaros asustadizos
sus minúsculas cabezas
en el hilo vacío
que de vez en cuando
trata de ahorcarlos

«Cae»

cae

dinosaurios me persiguen detrás de los ojos

cae

mandrágoras revientan en la sed de mi boca

cae

el aire es pólvora atascada en los alveolos

cae

            cae

despréndete de la telaraña invisible y gigantesca

que hasta hoy seguimos llamando cielo

 

desciende en la explanada siempre tibia del pecho del girasol

róbale sus brazos afiebrados

y aterriza en mi guarida empapada de llamas

que ni el fuego ni yo podamos decir quién eres

 

ahóndate

sé el causante del desequilibrio del centro de la tierra

y regresa

húndete en mí

te ofrezco mi cuerpo

esqueleto nuevo

al asiento de tus cenizas

 

cae

cae

cae

 

                                    ¿por qué el agua tendría

sola el privilegio

                                    de ser escindida por tus manos

ágiles y firmes

cual remos?

 

en una de las orillas del Hudson

hecho planicie y deseo

aguarda el tiempo

 

tus dedos asaltaron los bordes de mi magra silueta

pañaron todos sus frutos

el ágape será servido en mi ombligo

mis ojos donarán su luz para encender los candelabros

mis pies te circundarán como intachable muralla

mi sexo será la puerta

que hará de ambos

un único e infatigable

Caronte

Reflexión mientras dormitaba en la combi entre desvío y desvío:

Entre tanto barullo
El silencio es un propenso suicida

Días de la semana

Domingo: sobre vacío que da la impresión de albergar la carta más ansiada.

Lunes: el cuerpo divaga con una conmovedora resignación.

Martes: los pensamientos son agujeros envenenados de olvidos y recuerdos.

Miércoles: los ojos son cometas que huyen de sí mismos y reniegan de su fuego y velocidad.

Jueves: la ansiedad raspa los residuos de una antigua creatividad.

Viernes: mano con espasmos epilépticos al lado del teléfono.

Sábado: el rostro amado trepa con sigilo por los muros altísimos que circundan la ciudad de pasiones destartaladas.