fisura

un torso expuesto al descenso de nocturnas arañas
un pie enterrado sin el resto de su cuerpo
un chorro de agua golpeándome en la frente
los huesos dormidos de mis padres sonando como vivaces campanas
un venado mirándome con sus ojos oscuros y húmedos desde un rincón de la autopista
una piel elíptica que me acaricia al otro lado de la imagen y el sonido
una metáfora abandonada sobre el bosque seco de mis deseos
una puerta de cristal, una ventana de madera, un balcón de paja
un grito buscando una garganta que lo cobije y le impida ser
un papel sobre una mesa en la que no pueda escribir ni sentarme
un pedazo de nieve mirándote como si tú fueras su sucio espejo
un río que se desvía y se evapora antes de sumergir sus aguas en el mar
un grillo preparándose a saltar entre y sobre los escasos matorrales que los cultivos le ofrecen una taza de café, una taza de café servida por una mano fantasma
ahí, esperando en un comedor,
mientras el sueño le ganaba
y yo la envolvía silenciosamente
-sin herirla-
como quien juega a las escondidas
y se guarece demasiado cerca de quien lleva la cuenta


lrru 13 de julio 2021

«No sé quién hizo de nuevo luz» César Vallejo

Paseando hoy por una de las playas más entrañables que he visitado, me topé con este inesperado invitado del azar. A tres meses de tu partida, madre, cuánto y de qué hondas maneras sigo conversando con el universo, con mi padre, y ahora, también, contigo.