“There will be blood” (Paul Thomas Anderson)

Brahms’ Violin Concerto in D Major Op.77 (tercer movimiento).

Director: Leonard Bernstein

Violinista: Gidon Kremer

Orquesta: La Filarmónica de Viena.

Definitivamente, pieza musical clave para adentrarnos en el intrincado y oscuro sentir de los dos personajes principales de esta película. La acabo de ver en uno de mis centros de ocio predilecto, el BAM o Brooklyn Academy of Music, en una sala fabulosa, la número 3 del BAM Rose Cinemas. Es una peli genial que lidia con el tema del poder de una manera muy peculiar, desplegando sus alas como una astuta y vieja mariposa pero a su vez, anticipando la venida de los dedos apenas visibles del azar o de una fuerza desconocida por ella a los que, inevitablemente, tendrá que rendir cuentas . Pero no sé si entrar en detalles porque puede ser que en Lima todavía no la hayan estrenado. Ustedes me pondrán al tanto ya que suelo ser vergonzosamente despistada.

Ha sido para mí una grata sorpresa el enterarme hace unos minutos, mientras buscaba información sobre la música que acompaña a este magnífico filme, que el guitarrista de Radiohead, Jonny Greenwood, fue quien preparó la mayor parte del soundtrack. Así como Travis quedaría inválido en mi memoria si no viniera su imagen en simultáneo con el estremecedor saxofón exprimiendo notas terriblemente melancólicas compuestas por Bernard Herrmann; Daniel Plainview (interpretado por el extraordinario actor Daniel Day-Lewis) y Eli Sunday (Paul Dano) languidecerían si, ahora, en mi recuerdo, al unísono con su inagotable y descabellada sed de poder, no se adjuntara también esa magnífica orquestación de, por momentos, inquietantes, lunáticas y desoladoras cuerdas, sabiamente combinadas por la creatividad del director y el oído de Greenwood.

Por el momento, disculparán que solo hable de la música, y es que Brahms me conturba siempre. La fotografía también es soberbia. Sobre todo disfruté de la escena donde solo se ve a Daniel y a su amigo de espaldas, a lo lejos, frente al fuego producido por una mala maniobra al extraer petróleo, como dos nítidas sombras negras, como si a partir de ese momento, aquel líquido inflamable hubiera terminado por apoderarse de sus almas, especialmente de la del primero. ¡En fin, una película que desde mi modesta opinión no se deben perder!

“Death in Venice”

Gustav Aschenbach (Dirk Bogarde) piensa que “la creación de la belleza y de la pureza es un acto espiritual”, mientras que su amigo afirma que : “la belleza surge de los sentidos”. Les recomiendo esta película a los interesados en ambas percepciones del arte.

Hace unos minutos encontré en youtube fotos de Tadzio, tomadas de la película. Ser testigo de la belleza que despliega en ella, en compañía de la magnífica actuación de Dirk Bogarde, es una de las experiencias más gratificantes que me ha dado esta vida, las más de las veces, como diría Cernuda, mezquina. La pieza musical de Mahler es extraordinaria y perfecta. Es como el aire que inhalan ambos personajes en esa Venecia bella hasta el delirio pero, a su vez, no exenta de muerte y enfermedad.