“Harold Bloom y Charlie Rose”(11/02/98)

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Esta es una de las entrevistas más inteligentemente sentidas que he visto en muchos años. En una de las entrevistas hechas a Watanabe en los 90, al ser este preguntado sobre qué le aconsejaría a los muchachos que recién empezaban a desarrollar su vena poética, señaló: "agudizar la sensibilidad". Pues creo que esto no solo iba para los poetas, sino también para los críticos. Harold Bloom es uno de los mejores críticos literarios que nos ha ofrecido el siglo XX. Mientras escuchaba esta entrevista, pensaba: sus palabras al describir a los personajes de las obras de Shakespeare son acciones precisas, dardos, sabiamente, pulidos. Comparto esta entrevista, aunque esté en inglés. Su inglés es uno de los que más entiendo, es "claro y distinto"(tomando prestada parte de una definición cartesiana sobre las ideas).

El final de la entrevista es sumamente conmovedor. No sé por qué me trajo a la mente este poema de Pizarnik:

"He de tapar el fracaso de mi vida con la belleza de mi obra".

 

La palabra

A veces me pregunto qué es una palabra, cómo nace, con qué inmediatez aparece y retumba en todas las paredes del cerebro, con qué facilidad reposa en la frente, como si antes de salir, de hacerse aire sonoro, le gustara orear sus mensajes desde el balcón de la mirada. Se me ocurre que la palabra es una imagen tímida; un insecto embriagado de noche y de luz; un bostezo interminable que se da a conocer de a pocos, montado en vagones de infinitos sentidos.

Hoy, al abrir mi diario, me topé nuevamente con este pasaje extraído de una de las cartas de César Moro a Antonio:

“Pensar que tú puedes creer que me divierto, que estoy alegre o siquiera tranquilo lejos de ti, me entristece como si hubiera cometido un crimen. Nada puede distraerme de mi única preocupación, de mi solo pensamiento, de la tristeza incurable de no verte a todas horas, de estar lejos del maravilloso espectáculo de tu presencia. Te quiero, comprende solamente esta cosa sencilla y terrible: querer y querer cada día más y con más fuerza y hacer que el Universo dependa de tu voluntad o de tu capricho. El tiempo es hermoso si tú quieres, horriblemente triste si estás triste o si tu rostro se cubre con las nubes de la cólera o del disgusto.

Apenas te alejas y ya el cielo radioso se oscurece.”

Releyendo este fragmento, volví a experimentar la sensación de que cada palabra contribuía a fijar- de un modo absolutamente perfecto- el tono desolador que baña a dicha epístola. Hallé un atisbo de posible explicación. Serían estas tres combinaciones léxicas: "tristeza incurable/cosa sencilla y terrible/voluntad o capricho", ya que en conjunto representan el espejo de la naturaleza inextricable de la pasión amorosa.

1.      ¿Qué significa que la tristeza sea incurable?

Que un estado anímico es equiparado con una alteración de la salud, lo cual le otorga al dolor emocional de la persona poética, un padecimiento carnal, un suplicio tan grave como el experimentado a causa de una enfermedad mortal.

2.      ¿Cómo entender que el "querer" sea una "cosa sencilla y terrible"?

Una “cosa” es definida en la RAE como “Todo lo que tiene entidad, ya sea corporal o espiritual, natural o artificial, real o abstracta”. Debido a este significado, su uso es preciso para mostrar la vastedad del sentimiento amoroso: simple en la naturalidad de su inicio, pero aterrador por las consecuencias de su florecimiento.

3.      Por último, al hacer que el universo dependa de la “voluntad o del capricho” del amado, el poeta convoca los dos hemisferios psicológicos que están en constante lucha en el ser humano: la razón y el instinto.

Así pues, salud-enfermedad, cuerpo-espíritu, vida-muerte, y constancia-ansia son

las parejas indisolubles que nacen y conviven en toda interacción humana, de un

modo especialmente exacerbado en el caso de una relación erótica. El poeta lo

intuye y al congregar estos opuestos en su carta, provoca en el destinatario o

lector un escozor anímico inconsolable debido al carácter mismo de los elementos

opuestos que lo originan y lo mantienen.