«Blanco es el sueño de la noche»

A la derecha, en vez de mi penosa foto, ahora podrán visualizar la portada de mi segundo libro. Su publicación está pensada para dentro de un mes, y la presentación se hará en el auditorio de humanidades de la PUCP, el 5 de junio del presente año, y con suerte, también en julio, en la Feria Internacional del libro. La hora está todavía por ser confirmada. Ya los mantendré al tanto. El libro está inspirado en su mayor parte en el capítulo XLII de Moby Dick.

La Sinfonía fantástica de Berlioz

Altamente recomendable. Justo acabo de llegar de un concierto fabuloso en el Carnegie Hall. Esta es una de las composiciones más desvariantes que he oído. A lo largo de esta sinfonía, Berlioz recrea la atmósfera de un artista enfermo de amor, y en el penúltimo movimiento, el sueño de éste, donde está a punto de ser ejecutado por haber asesinado a su amada. Cada uno de los movimientos contiene una carga de delirio tremenda. Es una orgía de instrumentos!! Hacia el final incluso tenemos la espontánea invasión de campanadas de iglesia, seguidas por trompetas, trombones, bombos, entre otros, enardecidos. El director, James DePriest, y la orquesta del Julliard estuvieron magistrales. Aprecié este concierto desde el tercer balcón, y por momentos, los músicos me daban la impresión de ser hormiguitas laboriosas, estrellándose unas contra las otras en un repase sin fin.

Eclipse lunar

El único que he alcanzado a ver, siempre estuve alerta pero hoy, a eso de las 9 de la noche, aquí en Nueva York, vi a la luna poco a poco ser conquistada por el velo negro de una sombra muy paciente. A eso de las 10, contemplé el morir por breves minutos de su última luz, y luego, la atisbé renacer de entre la penumbra, cobrando una iridiscencia preponderantemente ámbar, hasta retornar ella de nuevo, bañada en su usual brillo blanco, pero esta vez con un resplandor conmovedoramente nítido. Por mirarla, me perdí el concierto de un amigo. No obstante, hace unas horas, mis ojos celebraron una orquestación natural inigualable. Mientras caminaba avizorándola me parecía ser ella misma otro planeta!

«Poesía Vertical» de Roberto Juarroz

"Nos quedamos a veces detenidos
en medio de una calle,
de una palabra
o de un beso,
con los ojos inmóviles
como dos largos vasos de agua solitaria,
con la vida inmóvil
y las manos quietas entre un gesto y el que hubiera seguido,
como si no estuvieran ya en ninguna parte.
Nuestros recuerdos son entonces de otro,
a quien apenas recordamos.

Es como si prestásemos la vida por un rato,
sin la seguridad de que nos va a ser devuelta
y sin que nadie nos la haya pedido,
pero sabiendo que es usada
para algo que nos concierne más que todo.

¿No será también la muerte un préstamo,
en medio de una calle,
de una palabra
o de un beso?"

I. Poemas de Otredad

En: Tercera Poesía Vertical (1965)

"Un amor más allá del amor
por encima del rito del vínculo,
más allá del juego siniestro
de la soledad y la compañía.

Un amor que no necesite regreso,
pero tampoco partida.
Un amor no sometido
a los fogonazos de ir y de volver,
de estar despiertos o dormidos,
de llamar o callar.

Un amor para estar juntos
o para no estarlo,
pero también para todas las posiciones intermedias.

Un amor como abrir los ojos.
Y quizás también como cerrarlos."

En: Quinta Poesía Vertical (1974)

Poema reciente

como si en tus ojos hubiera miríadas de serpientes
carruajes que se vuelcan en una carrera insensata
liebres acosadas por el sosegado andar de tortugas impertérritas
ardillas con manitas nostálgicas de antiguas bellotas

como si en tu cuerpo los ángeles hubieran diluido su lasciva inocencia
su lengua adobada de llantos extremos
de miradas abiertas, sin retorno al sueño
ahh…ese brazo extendido
pincel con el que muy bien podría haber la luz
empezado a dar forma a su extravío
ahh…esa sonrisa
donde todos los muertos colocaron sus evocaciones más exquisitas
ohh…Dafne, conviérteme en manzano, ciprés o tulipán
transforma mis dedos en voraces ramas
mis pezones en trémulas hojas erizadas por la caricia intermitente del viento
mis pies en un par de aros congelados
mi sangre en silenciosa palabra
en pálido murmullo
en aire
que aquellos ojos saboreen
y en los cuales se imprima
la visión esperada
el deseo consumado
el ineludible
rezago
o castigo
de la instantánea conmoción
del parpadeo