DER PANTHER

Su mirada se ha cansado de tanto observar
esos barrotes ante sí, en desfile incesante,
que nada más podría entrar ya en ella.
Le parece que sólo hay miles de barrotes
y que detrás de ellos ningún mundo existe.

Mientras avanza dibujando una y otra vez
con sus pisadas círculos estrechos,
el movimiento de sus patas hábiles y suaves
va mostrando una rotunda danza,
en torno a un centro en el que sigue alerta
una imponente voluntad.

Sólo a veces, permite en silencio, la apertura
de los cortinajes que ocultaban sus pupilas;
y cruza una imagen hacia adentro,
se desliza a través de los tensos músculos
cae en su corazón, se desvanece y muere.

Rainer Maria Rilke (1875-1926)

En estos momentos de tedio inenarrable

CAUSA DEL AMOR

Cuando me han preguntado la causa de mi amor
yo nunca he respondido: Ya conocéis su gran belleza.
(Y aún es posible que existan rostros más hermosos.)
Ni tampoco he descrito las cualidades ciertas de su espíritu
que siempre me mostraba en sus costumbres,
o en la disposición para el silencio o la sonrisa
según lo demandara mi secreto.
Eran cosas del alma, y nada dije de ella.
(Y aún debiera añadir que he conocido almas superiores.)

La verdad de mi amor ahora la sé:
vencía su presencia la imperfección del hombre,
pues es atroz pensar
que no se corresponden en nosotros los cuerpos con las almas,
y así ciegan los cuerpos la gracia del espíritu,
su claridad, la dolorida flor de la experiencia,
la bondad misma.
Importantes sucesos que nunca descubrimos,
o descubrimos tarde.
Mienten los cuerpos, otras veces, un airoso calor,
movida luz, honda frescura;
y el daño nos descubre su seca falsedad.

La verdad de mi amor sabedla ahora:
la materia y el soplo se unieron en su vida
como la luz que posa en el espejo
(era pequeña luz, espejo diminuto);
era azarosa creación perfecta.
Un ser en orden crecía junto a mí,
y mi desorden serenaba.
Amé su limitada perfección.

De Francisco Brines (Poeta español y admirador de Luis Cernuda)

Sólo para animales lascivos…

Ahora siento que nos amamos en libertad, que la ausencia ha desaparecido porque ya no es sinónimo de la falta de tu presencia, sino tu presencia en su lado menos visible. Te quiero, erizo, como no pensé que se podía llegar a amar a alguien que no fuera dios o uno mismo. Mi cuerpo, mi espíritu y mi mente están contigo en su cansancio y en su deseo. De noche, a veces, el recuerdo de tus gemidos se posa sobre la punta de mis senos, y mi pecho se torna en escudo-aunque inútil-de tu sigilosa lengua hambrienta. De tarde, el pequeño planeta que habita dentro de tus ojos zarpa en las aguas de mi escurridiza mirada y yo lo dejo caer, bruscamente, hasta verlo despeñarse contra aquel, este, inmemorial astro estático, tarima carnosa que corona el nacimiento de mis piernas. Contigo, el olvido es una fiesta de líneas entretenidas sobre la superficie del desierto, un horizonte baldío con huellas de gigantescos recuerdos; la locura, un surco indeleble que trazamos con la desesperación de afiebrados pensamientos.
De sólo imaginar que pronto, suspendidos en un orgiástico aliento, mitigaremos el uno al otro el natural sobresalto de nuestras púas respectivas, mi cuerpo entumecido se expande como un abanico de pulposos dedos centelleantes.

Fotografiar el Centro de Lima


aquella noche (hace unas semanas) fue como tratar de capturar el lado más sombrío, impenetrable y sucio del sol, como haber invadido el polvo de un silencio antiguo, aposentado en la opaca elegancia de una decadente casona.

M.Ward «Requiem»

Una de las tantas buenas canciones del álbum Post-War (2006).