Alguien recuerda en qué película tres de sus personajes bailan esta perla de los 50’s?
«In the still of the night» (Five Satins)
Alguien recuerda en qué película tres de sus personajes bailan esta perla de los 50’s?
Alguien recuerda en qué película tres de sus personajes bailan esta perla de los 50’s?
En el breve período que estuve en Lima, tuve la oportunidad de conocer a Andrea Cabel en la Feria del libro. Ella acababa de reeditar su poemario "Las falsas actitudes del agua", y el título de este me llamó mucho la atención. Entonces, decidí leerlo.
El texto abre con una cita de Lewis Carroll que nos transporta directamente al terreno de la imaginación y a su intento de explicarse lo que nuestra razón o lógica veladamente le plantean. Esta atmósfera es la que predomina en el poemario y la que marca el ritmo de la mayoría de los poemas con pausas entrecortadas, como si cada verso golpeara e hiciera nacer al que le sigue, como si lo obligara a correr también con él, a fluir serena o estrepitosamente más que con la naturalidad del agua con el sigilo que desplaza a la serpiente en acecho.
Si bien, como en casi todo primer poemario, la voz del poeta es equiparable a un planeta en ciernes, con inevitables parajes baldíos y aún carentes de una frondosidad fidedigna, celebro en Andrea Cabel la voluntad de explorar y explotar su vena poética, y haber dado nacimiento a un poema compacto y notable como "s/t", del cual cito unos versos: "tu olor es el de un ave cuando nace. el olor del aire del mundo (…) tu olor es la sustancia, la mancha en el cuerpo herido…"
Desde Nueva York, Andrea, saludos y espero que todo salga bien, mañana, en la presentación de tu libro.
Hace poco un amigo me pasó esta canción y desde que la escuché no ha dejado de retumbar en mi mente. La voz de Zach Condon y el acompañamiento de mandolinas, guitarras, acordeón, trompeta y más estrellándose los unos con los otros es sencillamente hermoso. Inevitablemente, lo asocié a la música de fondo de la película «Underground» de Kusturica, por su orquestación jubilosa. Que lo disfruten!
En este sueño, Martín y yo hicimos el amor.
Su cuerpo me era muy familiar pero no así su desnudez. Al fondo rugía el mar, con olas serenas y una espuma que nos regalaba, cándida y repetidamente, la misma escena: tortugas, erizos, langostas y estrellas de mar. En vez de arena, había una extensa acera roja, dividida en pequeños rectángulos porosos cuyos orificios dejaban entrever nubes que iban viajando muy de prisa.
Martín y yo estábamos tirados encima de varios de esos rectángulos, con las puntas de los dedos de nuestros pies clavadas las unas en las del otro. Recuerdo que él hablaba y hablaba, como si recitase un poema a medio saber. Mientras lo hacía, yo cerraba los ojos para escuchar más vívidamente el grito lejano del mar; pero de pronto, sus olas se quedaron inmóviles, fijas, como si también mostrasen interés por lo que él iba leyendo, o por la congoja intrínseca que llevaba en su voz. Martín musitaba: con las rejas adheridas a los ojos, mi mirada se va sola y te acompaña. Mi amor es un látigo justo a la osadía de haber querido desenmarañar tu alma no solo con mis manos.
Cuando me levanté porque ya éramos presa de las garras de un sol espantoso, me di cuenta que sangraba. Miré de soslayo a Martín. Él seguía echado, con los ojos bien abiertos, como si se estuviera terminando de comer aquellos versos. Le abrí el saco, y me abroché dentro de él. Las mantis de mi kimono azul estaban rojas, y vi la figura de una de ellas estampada, con los bracitos rotos, allí, encima de su pene. Sí, definitivamente, había sido suya.
Miércoles 11 de junio de 2003.
A.