"La biblioteca es santuario para nuestros temores"

Tomado de: "Paterson" (Libro tres)

Autor:William Carlos Williams.

Ayer, cuando regresaba de un recital poético en un local pequeñísimo, llamado El planetario; mientras tonteaba por esas calles plagadas de gente excéntrica, vi a una muchacha sentada a las afueras de un café. Y, precisamente, porque no llevaba un atuendo extravagante como el resto de la gente que la rodeaba, despertó mi atención. Por su forma de mirar intensamente una hoja en blanco, que reposaba sobre su mesa, pude intuir que se disponía a escribir una carta. Como no pude leerla, me la imaginé:

Epístola para un ciego:

Aquel día no pude decirte todo lo que quería. Solo pensaba en dejarte ser para recordarte cuando ya no volvieras. Eres como el girasol al que nunca he podido atrapar en el preciso instante en que entrega su mejilla a los ardores de la luz, y quiero ver ese giro.

La poesía se quita el disfraz y se reviste de tu cuerpo, de tu rostro de hombre universal.

Todavía mis manos están envueltas en la montuosidad de tus cabellos firmemente sedosos.

Mis oídos recuerdan tu voz estirándose en mi cuello, y yo gritándote: demonio nocturno.

El aire no es más inocente, tiene en él grabado el espacio de nuestras últimas caricias.

Cuando las hojas de este otoño se deslizan, observo que, antes de aterrizar en el suelo, se mecen, jubilosas, como si nuestros cuerpos, al despedirse, les hubiesen dejado un aura espesa en la que solazarse.

Escríbeme, llámame o aparece pronto. Seguiré esperándote. Algo me dice que no me mientes, o que al menos, no lo haces intencionalmente. Ojalá nunca pueda terminar de conocerte.

BQE Sufjan Stevens BAM

A la salida del concierto de Sufjan Stevens, el sábado pasado, me preguntaba: ¿Por qué la palabra no podrá ser porosa como el sonido? ¿Por qué su descenso sobre el papel no es tan visiblemente contundente como lo es la presión de las manos sobre el teclado del piano? ¿Por qué sentimos el rumor de la palabra en los ojos y no directamente en los oídos? ¿Y si sí en estos, por qué aquel luego pasa al cerebro y no a las extremidades como lo hace una melodía? ¿Será que a la palabra se la recibe y absorbe en la linfa, en un cuerpo más pálido que el limbo; mientras que a la música se la expulsa y zarandea como si fuese la lava misma de la sangre que no puede escapar de su guarida?

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Crónica mínima

"Alguien me dice aquí, en Río de Janeiro, sonriendo de equívoca manera:

-¿Qué piensa usted de Soiza Reilly?

-Hombre, <lo que pienso, lo voy a escribir. Léalo> "

Roberto Arlt.

Tomado de: Este es Soiza Reilly

En: Cronicón de sí mismo.

¿En qué piensas cuando escribes un poema?, me preguntó alguien hace unos días. Pregunta solo en apariencia sencilla.

Cuando empecé a escribir con algo de conciencia estética, cada vez que me venía el impulso de embestir cualquier hoja en blanco, uno de mis telones cerebrales se abría y dejaba al descubierto un jardín vastísimo, circundado, la mayoría de las veces, por un río con una roca gigantesca en su centro, a modo de cerebro o corazón. De allí partían mis recuerdos, nostalgias, sueños, deseos, tristezas y elucubraciones, junto a mi mano derecha, hacia un paraje siempre desconocido para ellos.

Después de mi segundo libro, sin embargo, este jardín ya no aparece más como fondo sensorial previo a mis inventivas poéticas. De aquello, solo ha quedado el silencioso ruido que hace un nudo cada vez que se desata. Lo único en que pienso, últimamente, mientras escribo, se asemeja a los ojos desde los que observa y contempla-extraviado en algún punto del tiempo y del espacio-el capitán de un buque fantasma.