BQE Sufjan Stevens BAM

A la salida del concierto de Sufjan Stevens, el sábado pasado, me preguntaba: ¿Por qué la palabra no podrá ser porosa como el sonido? ¿Por qué su descenso sobre el papel no es tan visiblemente contundente como lo es la presión de las manos sobre el teclado del piano? ¿Por qué sentimos el rumor de la palabra en los ojos y no directamente en los oídos? ¿Y si sí en estos, por qué aquel luego pasa al cerebro y no a las extremidades como lo hace una melodía? ¿Será que a la palabra se la recibe y absorbe en la linfa, en un cuerpo más pálido que el limbo; mientras que a la música se la expulsa y zarandea como si fuese la lava misma de la sangre que no puede escapar de su guarida?

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