Hacía tanto tiempo que no me topaba con algo tan redondamente bien escrito

«Contemplé tanto la belleza
Que mi visión le pertenece»
Kostantino Kavafis.

Inevitablemente, no pude pensar más que en los ojos de Gustav von Aschenbach contemplando a Tadzio en la extraordinaria y sublime película: «Muerte en Venecia».

Este poema va dedicado al esplendor reptilezco de Trent Reznor…


alguien lanzó un collar y olvidó alimentarlo
con gemas desde aquel día
un cuello se ha alargado espantosamente
un pecho se ha llenado de hojas
y unos senos cuelgan
cual pájaros asustadizos
sus minúsculas cabezas
en el hilo vacío
que de vez en cuando
trata de ahorcarlos

«Cae»

cae

dinosaurios me persiguen detrás de los ojos

cae

mandrágoras revientan en la sed de mi boca

cae

el aire es pólvora atascada en los alveolos

cae

            cae

despréndete de la telaraña invisible y gigantesca

que hasta hoy seguimos llamando cielo

 

desciende en la explanada siempre tibia del pecho del girasol

róbale sus brazos afiebrados

y aterriza en mi guarida empapada de llamas

que ni el fuego ni yo podamos decir quién eres

 

ahóndate

sé el causante del desequilibrio del centro de la tierra

y regresa

húndete en mí

te ofrezco mi cuerpo

esqueleto nuevo

al asiento de tus cenizas

 

cae

cae

cae

 

                                    ¿por qué el agua tendría

sola el privilegio

                                    de ser escindida por tus manos

ágiles y firmes

cual remos?

 

en una de las orillas del Hudson

hecho planicie y deseo

aguarda el tiempo

 

tus dedos asaltaron los bordes de mi magra silueta

pañaron todos sus frutos

el ágape será servido en mi ombligo

mis ojos donarán su luz para encender los candelabros

mis pies te circundarán como intachable muralla

mi sexo será la puerta

que hará de ambos

un único e infatigable

Caronte

DER PANTHER

Su mirada se ha cansado de tanto observar
esos barrotes ante sí, en desfile incesante,
que nada más podría entrar ya en ella.
Le parece que sólo hay miles de barrotes
y que detrás de ellos ningún mundo existe.

Mientras avanza dibujando una y otra vez
con sus pisadas círculos estrechos,
el movimiento de sus patas hábiles y suaves
va mostrando una rotunda danza,
en torno a un centro en el que sigue alerta
una imponente voluntad.

Sólo a veces, permite en silencio, la apertura
de los cortinajes que ocultaban sus pupilas;
y cruza una imagen hacia adentro,
se desliza a través de los tensos músculos
cae en su corazón, se desvanece y muere.

Rainer Maria Rilke (1875-1926)

En estos momentos de tedio inenarrable

CAUSA DEL AMOR

Cuando me han preguntado la causa de mi amor
yo nunca he respondido: Ya conocéis su gran belleza.
(Y aún es posible que existan rostros más hermosos.)
Ni tampoco he descrito las cualidades ciertas de su espíritu
que siempre me mostraba en sus costumbres,
o en la disposición para el silencio o la sonrisa
según lo demandara mi secreto.
Eran cosas del alma, y nada dije de ella.
(Y aún debiera añadir que he conocido almas superiores.)

La verdad de mi amor ahora la sé:
vencía su presencia la imperfección del hombre,
pues es atroz pensar
que no se corresponden en nosotros los cuerpos con las almas,
y así ciegan los cuerpos la gracia del espíritu,
su claridad, la dolorida flor de la experiencia,
la bondad misma.
Importantes sucesos que nunca descubrimos,
o descubrimos tarde.
Mienten los cuerpos, otras veces, un airoso calor,
movida luz, honda frescura;
y el daño nos descubre su seca falsedad.

La verdad de mi amor sabedla ahora:
la materia y el soplo se unieron en su vida
como la luz que posa en el espejo
(era pequeña luz, espejo diminuto);
era azarosa creación perfecta.
Un ser en orden crecía junto a mí,
y mi desorden serenaba.
Amé su limitada perfección.

De Francisco Brines (Poeta español y admirador de Luis Cernuda)