El amor tiene la virtud de desnudar no a los dos amantes uno frente al otro, sino a cada uno de los dos ante sí

Cesare Pavese.

De: El oficio de poeta

Para Rocío, por esa amistad más que fidedigna:

Él no es como tú, él es aún más poderoso que la naturaleza, él te mira y el universo se congrega en su rostro de niño pequeño. Tú, como un pasto, sólo esperas que te rocen, siendo inevitable desaparecer. Esta necesidad de querer prolongar tu cuerpo en otro para sentir que no eres invisible, lo va a terminar asustando. No, yo no puedo alterar su mundo, no quiero. Sin embargo, sé que no viviré plenamente hasta despertar entre sus brazos circulares, único poema que tocará mi cuerpo. Debo dejarte, debo quererte sólo entre mis líneas.

Te guardaré como a la luna, aquí dentro. Y solo raspando mi árbol podrás encontrarme. Me cansé…aunque mi cansancio viva el tiempo de su palabra. Te amo como «una lágrima que nadie ve». Pero no te espero…porque mi amor no existe en tu conciencia, porque hasta ahora no he hecho más que reventar en las metáforas. Mi realidad es una existencia eternamente hinchada, si supieras que tienes la fuerza de hacerme nacer cuando tú quieras

De: Confesiones de un papel inútil

En: Milagros de Ausencia (2002)

¿Harán lo mismo con los que solo dicen vivir para escribir?

Una dama responde a un caballero que solo dice vivir para pelear:

"Pues luego agora que no hay guerra ni hay para que seais, yo sería de parecer que os concertasen y os untasen bien, y, puesto en vuestra funda, os guardasen con los otros arneses para cuando fuésedes menester"

De : "Il Cortegiano" de Baltasar de Castiglione (s. XV-XVI)

Días bajo la sombra oscurísima del árbol Pizarkniano

13-10-00

Hay un inmenso sueño que mi sangre no despierta

la piel no mueve y los ojos derriten

sueño

sueño redondo de dos labios que se esperan

18-03-01

Soneto I de Garcilaso de la Vega:

Yo acabaré, que me entregué sin arte

A quien sabrá perderme y acabarme

Si ella quisiere, y aún sabrá querello

Siglo XVI, penúltimo terceto. Pensar que hasta antes de regresar, este iba a ser tu final. Estuviste cerca, L. ¿Y si ya te has acabado? Recuerda: ahora las palabras son sed de agua enferma. Mírate, un verso es suficiente para saber que te habita otra: un desierto.

A ti, si alguna vez me encuentras: imagíname viva, escribiendo la elegía que nuestro silencio lentamente fue esculpiendo. Que mi lápida sea tu nombre y la trascendencia tu cuerpo. Tu cuerpo: infinita estación de versos.