En marzo de este año, mientras leía el capítulo de «Amalfitano» en «2666» de Bolaño, escribí el texto que enseguida compartiré con ustedes

Un hombre pasaba y repasaba sus dedos y estampaba el
pulso de su pluma sobre la superficie de una hoja en blanco. A sí mismo se
decía:

  

A mi mujer tendría que haberle succionado cada
uno de sus gemidos en vez de dejarlos ir por el aire o, morir, desvanecidos,
entre la presión de mis manos. Tendría que haberle pedido que escribiese sus
sueños a lo largo de mi cuerpo y que cuando se cansara, continuara
comunicándomelos en forma de saliva y 
mordiscos inundándole los labios. Ahora que leo sus deseos, apuntados,
olvidados, si apenas esbozados en uno que otro pedazo de servilleta, en el
revés de la última página de ciertos libros, escondidos, a veces, en ambos
bolsillos de alguno de mis sacos o en una especie de cuaderno muy sencillo al
que ella no parecía darle mucha importancia; ahora que duermo con cierta música
desprendida de su modo único de juntar y separar palabras, de repetirlas como
si tuviera la esperanza de que al escribirlas dos o tres veces, de alguna
manera, yo lograría escucharlas; ahora que rastreo el olor de sus anotaciones
cotidianas, digresiones, fantasías, miedos, proyectos ocultos, me doy cuenta de
que sus palabras nunca fueron inocentes, que poseí todo en ella menos esta
ranura invisible de su ser, este silencio sonoro que nunca atravesó mis oídos,
que se quedó de alguna manera atrapado en el espacio mutuo creado por la unión
de nuestros cuerpos.
 

Ahora
que solo me queda su ausencia, antes de dormir, apago las luces, y de las
cuatro paredes de mi cuarto, más el techo, sus palabras (que he pintado con gis
blanco) me rodean, envuelven y engullen, y mi piel es un papel raso, liso,
donde ella viene, cada noche, a encarnar su voz antigua.

 

lrru.

disculpen la falta de tildes.

Queda poco tiempo
Por que nadie se da cuenta?

Somos hombres
Vamos a los mismos lugares
Nos sorprendemos
Nos asustamos

Queda poco tiempo
Que hacer para no sentirse desechable?

Uno lanza palabras
Y las palabras son siempre flácidas y angostas

Queda poco tiempo
El ruido de los pasos
Ya es fuego antiguo
En las escaleras existenciales

Queda poco tiempo
Las gaviotas, los ganzos y los buitres lo saben
Y aun asi,
Seguimos viniendo
Seguimos sentandonos
En la mesa del crepusculo
Y en el regazo de las mareas altas

Queda poco tiempo
Y la arena
Sigue llorando
Con lagrimas prestadas

Poema escrito a caballo entre febrero y marzo

de entre los vestigios del sueño al que aspiras
por sobre tus párpados,
pantalla opaca y minúscula,
mis ojos te contemplan
mis ojos esperan el sacrificio
de las venas expuestas sobre tu cuerpo
mis ojos también se cierran
y mis manos son miradas insomnes
queriendo succionar
de tu rostro,
el gesto
el sudor
la espontánea telaraña
tendida
en la que voluntariamente
duerme el deseo

aún duermes,
y tu espalda se me hace
una inminente estampida de gacelas
y yo nutro mis dedos
para que en su descanso
se detengan a pacer en mis yemas

tomo tu cuello
y entre mis dientes
tu carne retumba
como hojarasca
zarandeada
por el viento

quiero desglosar tu figura del tiempo,
erigirte como estatua eterna
y dialogar perpetuamente
encallada en tu silencio

lrru
marzo 2009

Escrito hoy, después de haber leído el ensayo de Nick Cave sobre el porqué de la importancia de la poesía y la escritura de canciones de amor

En inocencia,
la palabra es aguijón
que acaricia
sin término

«el sueño duerme»

el sueño duerme

esta noche

en otra parte

                            el fuego arde

                            transparente

                            en el silencio compacto del hielo

la sangre fluye

sorprendida

de su propio desplazamiento

                            ayúdame,

                            reposando bajo la sombra de un árbol

                            he despertado con un fruto jugoso entre las manos

                            y mis dedos no pueden sentirlo

Weehawken, Nueva Jersey.

17 de febrero de 2009.