Recordando a Luis Jaime Cisneros

Luis Jaime abrazado por el lingüista peruano Carlos Garatea, en la condecoración de aquel como profesor emeritus de la PUCP.

http://blogs.elcomercio.pe/entrevistas/2008/02/luis-jaime-cisneros.html

Aquí, fragmentos de una entrevista hecha a Luis Jaime en el 2008:

¿Por qué son tan importantes la pausa y la entonación? Está claro que un alumno tiene que saber leer, entonar.

Ese es el problema si tú no sabes leer, no comprendes. Si no comprendes no puedes explicar y si no puedes explicar lo que comprendes, para qué diablos hablas con el otro. Esa es mi manía y este libro tendrá un disco. Quiero mostrar los aciertos y los problemas que causan los errores de entonación.

¿Qué le dieron los libros?

Libertad. Me dieron conciencia de la libertad, porque te permiten descubrir que eres capaz de reflexionar, que eres capaz de pensar, de decidir, te descubres. Tú eres un ente como todos esos que hablan y piensan, y el único que te da esa sabia dirección es un libro y no tiene que ser necesariamente poesía. Hay maestros que en realidad son incapaces de traducir un texto poético, entonces es totalmente absurdo que se empeñe o que quieran que empieces a leer con un texto de Vallejo.

…………..

A unos minutos de enterarme del fallecimiento de Luis Jaime Cisneros, linguista peruano y catedrático de la universidad Católica donde cursé la carrera de Literatura, soy presa del recuerdo de un encuentro en especial que tuve con él en mi universidad, allá por el año 1999. Después de haber escuchado una de sus clases, me quedé tan impresionada con su modo sencillo y a la vez tan apasionado de enseñar, que supe que de una u otra manera tenía que hablar con él sobre mi vocación literaria. Tímidamente pedí una cita con él y, llegado el día, hecha un harapo de nervios, pasé a su oficina y empezamos a charlar. Recuerdo que tenía un cuaderno en su mesa y al hacerme preguntas sobre mis intereses literarios, mi formación académica previa, etc., me escuchaba atentamente mientras iba anotando. Me dijo que la creación literaria no era cosa de juego, sino algo muy serio, y recuerdo claramente que me preguntó si yo escribía poesía porque se me daba, así a la champa, como quien recorta esos vestidos de papel para muñecas de papel, o si era un llamado mucho más profundo, y yo no supe qué responderle. No obstante, a partir de ese momento sentí que mi ser estudiantil se expandía porque no solo estaba frente a un profesor, sino de cara a un hombre con experiencia y un vasto amor por la literatura. Luego, me dijo que cuando supiera la respuesta a su pregunta entonces sabría si sería una posible poeta. De allí, me dio una lista de libros, empezando por la de Aldous Huxley: «Viejo muere el cisne» (1939), para que luego conversáramos de ella. El resto de nuestros encuentros fueron muy pocos y brevísimos, la mayor parte, debido a mi renuente timidez. Y hoy, como pequeño homenaje a su partida -(solo fìsica) ya que sus palabras acompañarán mi pulso literario por siempre-quiero dedicarle estos pequeños versos de Paul Valéry, poeta también recomendado por él, del poemario «El Cementerio marino» (1920), traducido por Javier Sologuren:

«Templo del Tiempo, que un suspiro cifra,
subo a ese punto puro y me acostumbro
de mi mirar marino todo envuelto;
tal a los dioses mi suprema ofrenda,
el destellar sereno va sembrando
soberano desdén sobre la altura.

Como en deleite el fruto se deslíe,
como en delicia truécase su ausencia
en una boca en que su forma muere,
mi futura humareda aquí yo sorbo,
y al alma consumida el cielo canta
la mudanza en rumor de las orillas.»

Arturo Corcuera

Tuve la fortuna de conocerte en el homenaje hecho a Carlos Germán Belli en el Congreso de la República, y hasta salimos, por mero azar, juntos en una foto, como tú mismo lo advertiste, sin embargo, recién leo tu poesía, y cómo me hubiera gustado hablarte ahora de las impresiones firmes, cual mismas huellas de tarzán, que ha dejado la lectura de este poema en mí.

«Hay algo en el aire, un detalle infinito, y quiero que dure para siempre»

Sigue luchando por tu vida, Cerati, que tus palabras, tu voz, en otras canciones, pero esta tarde particularmente en esta, me da a mí ganas de seguir andando solo para toparme de nuevo con el recuerdo de días ya lejanos cuando ponía esta canción en mi oído mientras caminaba por alguna calle ya olvidada de la fría Manhattan.

quién mira ahora como él?

la luna

al eclipse lunar de hoy en la madrugada quiero dedicarle esta canción. mirar a la luna, a su cuerpo circular siendo lentamente tomado por la proyección del cuerpo de la tierra sobre él, en medio de un viento que pretendía empujarme a cada segundo fuera de la impresionante vista de ver a la luna irse vistiendo repentinamente de negro, fue una experiencia de comunión, de acercamiento hacia lo que solo puedo tocar con los ojos.