Una de las aproximaciones más agudas e interesantes sobre el término cultura que he escuchado últimamente.
La cultura: “el mejor irrigador cerebral”
La cultura: “el mejor irrigador cerebral”
“Crear, crear y crear”: consigna Huidobriana
En medio del éxtasis en un concierto de Agalloch, [1] no puedo evitar hacerme estas preguntas: ¿Acaso no quisiera como poeta que mis lectores a la hora de leer mis poemas asciendan y desciendan por un columpio íntimo, individual, y a su vez colectivo, como el construido por las melodías desbordantes, atávicas y embriagadoras de este grupo? ¿Qué hay en la poesía que aísla y enajena y no permite esa suerte de armoniosa comunión relativamente masiva? ¿En qué momento se le perdió el respeto al género lírico y se lo hizo a un lado como si fuera aquel señor muy viejo con unas alas enormes del cuento de Gabriel García Márquez o se lo tomó como continente propicio para derramar en él lágrimas vanas, historias sin sustancia o frustraciones políticas coyunturales? ¿Cuándo se jodió la imagen? (tomando parte de la indignación de Santiago en La conversación en la Catedral).
Es desde este horizonte que pretendo vislumbrar la necesidad de repensar la importancia de la imagen y en particular de la metáfora por ser menos frecuente en la poesía de mis coetáneos [2]. A continuación determino qué es lo que entiendo por imagen y para ello me valdré de la definición alcanzada por Octavio Paz en El Arco y la lira:
Toda forma verbal, frase o conjunto de frases, que el poeta dice y que unidas componen un poema. Estas expresiones verbales han sido calificadas por la retórica y se llaman comparaciones, símiles, metáforas, juegos de palabras, paronomasias, símbolos, alegorías, mitos, fábulas, etc. Cada imagen -o cada poema hecho de imágenes- contiene muchos significados contrarios o dispares, a los queabarca o reconcilia sin suprimirlos. (…) La imagen es cifra de la condición humana. (98)
En la actualidad es muy común leer reseñas sobre textos narrativos, de buena o mala calidad. Lo mismo sucede con el cine, hay una crítica favorable o desfavorable. Pero, ¿qué sucede con la crítica que se aproxima a un texto lírico contemporáneo para analizar la profundidad o la amalgama auténtica de sus imágenes? Desde hace ya varios años, soy testigo de cómo un análisis puramente biográfico, cultural o de género va poco a poco imponiéndose a un estudio primordialmente textual. Sobre todo en Nueva York, cuando se trata de acercarse a un texto lírico contemporáneo, es muy común observar cómo antes de resaltar la estética particular de cada poeta, se lo subsume en el saco gigantesco de su nacionalidad u orientación sexual, como si los orígenes o las tendencias sexuales garantizaran un nexo sólido entre diversas propuestas estéticas. Lo cual no me parece desacertado per se, pero ¿acaso es lo único o lo más relevante? ¿Acaso Borges es un buen poeta porque es de Argentina y no por la visión genuina del espacio y el tiempo que nos presenta en sus poemas?
Es de carácter urgente repensar la metáfora como una de las figuras literarias de mayor libertad poética-especialmente a partir de la vanguardia- ya que tal vez a falta de ella o por causa de su uso tornado en facilismo ornamental en ciertos textos líricos, o por un desequilibrio abismal entre forma y fondo, la crítica literaria haya tenido que valerse de recursos extra literarios para armar un sólido cuerpo argumentativo alrededor de aquellos. Como creadora y lectora, un texto crítico de este tipo me aleja de la lírica de mis pares porque en vez de desarrollar aún más mi inquietud creadora, me demuestra poco a poco que la lectura y experiencia poética van en vías de extinción, porque la imagen siempre es lo de menos. No obstante, como Paz, me veo en la necesidad de recordar su importancia fundamental en el ejercicio poético:
la imagen no explica: invita a recrearla y, literalmente, a revivirla. La imagentrasmuta al hombre y lo convierte a su vez en imagen, esto es, en espacio donde los contrarios se funden. Y el hombre mismo, desgarrado desde el nacer, se reconcilia consigo cuando se hace otro. (113)
Así, el crítico que se enfrenta a una poesía instaladora de imágenes auténticas, al igual que el poeta que las configura, es un creador más, un enamorado de la sensación que ha estampado en él determinado poema o poemario, y su labor debiera consistir en representar de mil formas, es decir recrear, ese momento primero de embelesamiento, y presentarlo una y otra vez ante los hambrientos lectores que muchas veces gracias a una reseña poética espléndida enrumban ellos mismos como futuros poetas o críticos literarios. Ese fue mi caso, por ejemplo, gracias a mi maestro Luis Jaime Cisneros que en la PUCP, me enseñó que “decir” no es solo emitir sonidos con sentido sino también o principalmente “cometer”, es decir, nunca perder de vista la sensibilidad e imaginación que habitan lo que interpretamos y lo que creamos literariamente.
Lena Retamoso.
[1]una banda estadounidense de Folk/Doom metal formada en 1995 en Portland, Oregón.
[2] al menos eso es lo que observo en algunos recitales a los que he asistido.
El dinero, siempre el dinero, y mi incapacidad de ahorrarlo me van a llevar a una vida llena de miseria. Pero aún así no dejaré de escribir, ese impulso jamás ha de ser vendido!!!
al eclipse lunar de hoy en la madrugada quiero dedicarle esta canción. mirar a la luna, a su cuerpo circular siendo lentamente tomado por la proyección del cuerpo de la tierra sobre él, en medio de un viento que pretendía empujarme a cada segundo fuera de la impresionante vista de ver a la luna irse vistiendo repentinamente de negro, fue una experiencia de comunión, de acercamiento hacia lo que solo puedo tocar con los ojos.
como la hiedra que vi hoy, trepada a lo largo de un muro, dejando libre el espacio de la puerta, así, yo voy avanzando y petrificándome en cada parte de ti, excepto la que le has reservado a la persona que amas. mis ramas atentas, recelosas, solo bordean tímidamente las orillas de aquel centro que me niegas.
desde aquí arriba, la vista es desoladora. si me permitieras llenar los escalones que conducen a tus entrañas, los rociaría de flores imaginarias, de frutas exóticas, de alfombras hechas de carne de pétalo, de espejos abocados solo a reflejar tu imagen.
Hoy me ocurrió algo totalmente inesperado. Al subir al tren 1, me topé con Rufus Wainwright. Él se sentó en el asiento del frente. Lucía como una estrella ofuscada en medio de un lodazal. Mientras lo miraba a escondidas e iba escuchando “Bitches brew” de Miles Davis, me percaté de que Rufus llevaba un polo del Quijote!! Esto me animó a tomar valor y atajarlo, pero, después de imaginar y carburar una miríada de posibilidades de acercamiento, llegó el paradero de la calle 86, él se paró y se hizo humo.
Mientras el vagón emprendía su carrera, yo me preguntaba: por qué dejaste pasar la oportunidad de decirle algo original acerca de su música o de su voz? o, al menos hacer un comentario de su polo pintoresco? o, ya, por último, por qué no sacaste “Las novelas ejemplares” de Cervantes que tenías en l bolso a ver si picabas su curiosidad? Tantas posibilidades sin solución…no sé por qué esta historia mínima me transporta a la secundaria, cuando mi profe de matemáticas trataba de que me entraran las permutaciones y yo siempre me perdía en medio de las bolas verdes, rojas y negras, como hoy entre un cúmulo de interrogantes.
13-10-00
Hay un inmenso sueño que mi sangre no despierta
la piel no mueve y los ojos derriten
sueño
sueño redondo de dos labios que se esperan
18-03-01
Soneto I de Garcilaso de la Vega:
… Yo acabaré, que me entregué sin arte A quien sabrá perderme y acabarme Si ella quisiere, y aún sabrá querello
Siglo XVI, penúltimo terceto. Pensar que hasta antes de regresar, este iba a ser tu final. Estuviste cerca, L. ¿Y si ya te has acabado? Recuerda: ahora las palabras son sed de agua enferma. Mírate, un verso es suficiente para saber que te habita otra: un desierto.
A ti, si alguna vez me encuentras: imagíname viva, escribiendo la elegía que nuestro silencio lentamente fue esculpiendo. Que mi lápida sea tu nombre y la trascendencia tu cuerpo. Tu cuerpo: infinita estación de versos.
El único que he alcanzado a ver, siempre estuve alerta pero hoy, a eso de las 9 de la noche, aquí en Nueva York, vi a la luna poco a poco ser conquistada por el velo negro de una sombra muy paciente. A eso de las 10, contemplé el morir por breves minutos de su última luz, y luego, la atisbé renacer de entre la penumbra, cobrando una iridiscencia preponderantemente ámbar, hasta retornar ella de nuevo, bañada en su usual brillo blanco, pero esta vez con un resplandor conmovedoramente nítido. Por mirarla, me perdí el concierto de un amigo. No obstante, hace unas horas, mis ojos celebraron una orquestación natural inigualable. Mientras caminaba avizorándola me parecía ser ella misma otro planeta!
El silencio es la condición natural de la palabra. Cuando hablamos, esta tiene frío y no hace más que abrigarse.
"Alguien me dice aquí, en Río de Janeiro, sonriendo de equívoca manera:
-¿Qué piensa usted de Soiza Reilly?
-Hombre, <lo que pienso, lo voy a escribir. Léalo> "
Roberto Arlt.
Tomado de: Este es Soiza Reilly
En: Cronicón de sí mismo.
¿En qué piensas cuando escribes un poema?, me preguntó alguien hace unos días. Pregunta solo en apariencia sencilla.
Cuando empecé a escribir con algo de conciencia estética, cada vez que me venía el impulso de embestir cualquier hoja en blanco, uno de mis telones cerebrales se abría y dejaba al descubierto un jardín vastísimo, circundado, la mayoría de las veces, por un río con una roca gigantesca en su centro, a modo de cerebro o corazón. De allí partían mis recuerdos, nostalgias, sueños, deseos, tristezas y elucubraciones, junto a mi mano derecha, hacia un paraje siempre desconocido para ellos.
Después de mi segundo libro, sin embargo, este jardín ya no aparece más como fondo sensorial previo a mis inventivas poéticas. De aquello, solo ha quedado el silencioso ruido que hace un nudo cada vez que se desata. Lo único en que pienso, últimamente, mientras escribo, se asemeja a los ojos desde los que observa y contempla-extraviado en algún punto del tiempo y del espacio-el capitán de un buque fantasma.