Erasmo Caro (1826-1887)

"…el pensamiento es un don fatal ; no sirve más que para aumentar nuestra desgracia iluminándola. Vale mil veces más ser ciego como el bruto o como la planta."

"La miseria de los hombres y la de las naciones se desarrollan en proporción de su cerebro, a medida que se perfecciona su sistema nervioso, y les procura instrumentos más delicados, órganos más sutiles para sentir su mal, para aumentar su intensidad, para eternizarlo por la previsión y por el recuerdo. Todo lo que añade el hombre a su sensibilidad y a su inteligencia, lo añade a su sufrimiento."

Tomado de:

Los pesimistas del siglo XIX.
El poeta del pesimismo, Leopardi.
La teoría de «L’infelicitá» (Cap.II).

Pedido

Debido a que algunos compañeros de clase y amigos han mostrado interés en mi primer poemario, Milagros de ausencia (2002), recientemente, y como ya no tengo ejemplares que ofrecerles, voy a colgar un par de poemas aquí, así se hacen, al menos una idea. También aprovecho la ocasión para compartir con ustedes la publicación de mi segundo poemario, Blanco es el sueño de la noche, que será presentado en la Feria del libro Ricardo Palma en Noviembre del presente año.

Te has quebrado

                        

                    fija

como el sueño

en las manos.

            Y las manos

            no son.

            Solo el árbol

            lleno

            en nuestras bocas

«Bulles de Savon» (1858) de Thomas Couture.

Esta es la respuesta que Thomas Couture dio al pedírsele que escribiese una autobiografía, la cual encuentro muy acertada:

«La biographie est l’exhaltation de la personnalité… et la personnalité est le fléau*de notre époque».

*la calamidad.

El túnel

Los atisbos del inconsciente son los pedazos de un corazón roto y cada vez más inhallable.

La ventana, la mujer y el mar del cuadro debieron vivir únicamente en Castel.

Castel, tu amor siempre fue de sombras.

María estaba demasiado viva para volar pegada a tus alas.

La contemplación de ella era otra, giraba; la tuya nunca dejó de ser estática.

Castel:

           Nada más allá que su propia sombra el hombre estanca.

                                                                             6 de febrero de 1999.

(Unas líneas que escribí al terminar de leer por primera vez esta obra extraordinaria.)    

                                                                                 

Howard Gilman Opera House

!! Las tres piezas: "Por vos muero", "Castrati" y "White darkness" de Nacho Duato estuvieron magníficas. Cada una de ellas es un poema puesto en movimiento. Los cuerpos de sus bailarines parecen estar hechos de pétalo y agua. Cada uno de sus giros daba la impresión de haber sido inspirado por el desplazamiento violento y apenas perceptible del colibrí. Y los finales! El cierre de cada pieza, lo asocio, como le comentaba a Rocío ( una amiga muy especial, a la que le debo el haberme enterado de la existencia de este coreógrafo extraordinario), con la llegada insospechada pero irremediablemente certera de un ataque al corazón. La recitación del poema de Garcilaso en la voz de Miguel Bosé junto a la música tomada de compositores españoles del siglo XV y XVI y la cuidadísima indumentaria de los bailarines hacen de "Por vos muero" una experiencia estética inolvidable.

En "Castrati", la música de Vivaldi revienta en furia y fortaleza, mientras que la de Karl Jenkins es escalofriante y convulsa, este contraste es preciso para el tema que esta pieza desarrolla. Y por supuesto, la diferencia de vestuarios aquí no es para nada gratuita sino más bien simbólica. El negro, el rojo y el blanco dialogan, jaloneándose los unos a los otros, en una ronda trágica.

Por último, en "White darkness", a pesar de que se nos presenta el tema controversial y doloroso de la lucha contra la adicción a las drogas, este está exento de una visión juzgadora o aleccionadora del caso. Lo que importa en la pieza es cómo se transmite ese combate interior del yo "enfermo" consigo mismo, el cual se expresa a través de movimientos bruscos y sincopados, los cuales entran en amalgama perfecta con la composición Adiemus variations, del mismo Jenkins. Si los cuerpos son paulatinamente zarandeados entre el deseo voraz de retornar al consumo y una voluntad impuesta de rechazarlo, los violines, la viola y el chelo recrean muy bien este desgarramiento.

Si hay algo que le tengo que agradecer a Nueva York, son noches que se han hecho para disfrutar de eventos como estos.